
Hay días en que el acertijo de la vida se descifra... ininteligible, sigiloso, discreto. Dogmas que nos regala la razón emocional. En un cosquilleo, en uno que atraviesa mi espina dorsal hasta llegar al centro de mi cerebro, hay un entendimiento feliz y mudo, un silencio que lo dice todo, un reflejo que me hace gemir de dicha. En esos días, en esos primeros saboreos de cielo, dejo de ser cuerpo y me convierto en la nada, en un vértigo estático que sonríe. No necesito palabras, imágenes ni sonidos. Esas traducciones son inútiles ante el idioma Universal. Hoy me duermo con la convicción de que mi canto tiene eco. Mi piel se abre, se expone, se desnuda... se evapora. Y la tarde cae sobre mí, cubriéndome de mermelada de ensoñación. He vuelto a nacer.

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